FIN DE LA ESCLAVITUD POLITIQUERA EN COLOMBIA

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Los perennemente inciertos y muy pocos resultados alcanzados por el Estado colombiano y sus gobernantes en la solución y atención de las necesidades de sus gobernados (las cuales conforman la base de la Seguridad Integral), muestran, a las claras, la práctica de pseudopolíticas recurrentemente orientadas, con soslayada intencionalidad última, al enriquecimiento y posicionamiento estratégico de quienes ostentan el poder político y de las minorías a quienes los mismos benefician; ocasionando un estado generalizado de empobrecimiento de las grandes mayorías, frenando su normal desarrollo, y afectando gravemente la Interacción Social Humana en nuestro país. Por su parte, los gobernados, siguen a la espera de que su Estado les brinde unas mínimas y vitales condiciones de vida digna.

La difícil situación socio-económica, se cree que la conociera y fuese consciente de ella todo el pueblo, a simple vista o al primer y más sencillo análisis; dando la impresión de que la complejidad vivida, saltara fácilmente a la luz pública. Muestra de ello es qué al preguntársele a cualquier desprevenido ciudadano de a píe o del común, por la situación del país, de inmediato expone un diagnostico patente y exacto de lo que se vive, adicionando por lo regular una manifestación de descontento con el trabajo de sus gobernantes. Es por ello que la participación electoral de los colombianos resulta desconcertante, cuando a pesar de poderse identificar a los responsables de la infausta realidad de pobreza, inequidad, injusticia y desigualdad extrema vivida, los vuelvan a elegir y reelegir sin el más leve obstáculo.

Actuaciones como las expuestas, constituyen una pequeña muestra de la desorganización de la familia y la sociedad en Colombia; un país en el que farsantes y enredadores con un mínimo de recursos, montan fácilmente un equipo de trabajo y un discurso, que así sea falaz, se vende como altamente confiable y con posibilidades de éxito colectivo, en el alcance de sus metas; y con el cual consiguen embaucar grandes segmentos de población, bajo promesas de cielo y/o tierra (situación común tanto en política como en religión y en el mundo de los negocios); sin enterarse estos humildes colombianos, que se trata de asuntos, en que, tras la apariencia de verdad, se esconden falsedades y engaños mediante los cuales son vilmente usados, cuando no timados o estafados, por políticos de cuello blanco o sucio, pastores doctos o legos u organizadores de pirámides o de mesas captadoras de dinero, en todos los estratos sociales. Situación a la que se le debe adicionar la de los maquiavélicos actos de los curtidos politiqueros de oficio, que hacen de los comicios electorales un festín bien calculado de compra de votos vs. acceso a contratación oficial, los cuales han convertido a la política en una empresa económica sin ningún escrúpulo, y que habida cuenta de estos manejos, se han eternizado en los cargos de elección popular, pasando toda su vida de mentira en mentira y de engaño en engaño, ostentando, o mejor usurpando el honor de ser padres de la patria y representantes de la conciencia popular.

No hay derecho que sigamos lelos, observando a personajes que transitan, con descaro, la escena pública, en un constante devenir corrupto o abiertamente delincuencial; y que en su deplorable quehacer politiquero, al que han reducido la magna política, llegan muy pronto a enfrentarse entre ellos mismos; se agarran cual fieras comadrejas en contienda por la mejor parte de la presa, sin que a, la sazón, les ocurra nada; y una vez terminada la reyerta, se dan besos y abrazos, y… “todo bien, todo bien”, como en el monotemático decir del futbolista.

Luego de enterarnos, que nada de lo prometido es cierto, que las cosas son distintas y a otro precio, se genera, en nosotros, todo tipo de sentimientos encontrados de rabia, dolor y tristeza; la farsa se hace evidente, y Oh!…Cuán grande y repetitiva. Las reyertas montadas en los debates públicos del Congreso y de todas las corporaciones que realizan tareas similares en los entes territoriales, como derivaciones de planes de codicia y poder, acrecientan el descontento. Los agarrones son, como lo reza el dicho popular: “De madre y señora mía”; con insultos y amenazas de muerte, incluidos: la espectacularidad, el ruido y el rasgo de vestiduras con ribetes de escándalo… todo como para “alquilar balcón”. Por ello, es inexplicable que, pese la opinión pública, estar super enterada sobre las infaustas costumbres, las acepte, al elegirlos por medio del voto, pasando el pueblo desde luego a ser cómplice y responsable directo de la politiquería. Un pueblo igualmente politiquero.

Solo se calman y descansan, cuando logran el objetivo de lucrarse del asunto, equidistante a “sacar la mejor tajada de la torta”; a continuación y muy rápido, sobreviene la aprobación de la Ley y las respectivas exculpaciones, habiendo dado curso a los acuerdos y complots que hicieron por debajo de la mesa y a escondidas. De esos arreglos clandestinos nunca manifiestan nada, no nos cuentan que platas les dieron por aprobar X o Y Proyecto de Ley; en tanto que muchos de ellos, protegen y defienden a ciertos sectores de población, por siempre cercanos al poder, redundando ello en beneficios comunes en lo económico.  Y ¡Sí no fuese así!, que nos digan y den explicaciones, del por qué, cuando candidatos, su situación económica es una (por lo general de precarias condiciones) y luego como funcionarios públicos o exfuncionarios es otra (la de potentados económicos)… Ya no más por Dios!!, es cierto que somos un país tercermundista y pobre, corto en educación, atrasado en desarrollo, pero no en civilidad; no somos todos pendejos, ni mensos, ni caídos del zarzo, como ellos, los politiqueros creen, que lo son por definición las mayorías.

Luego de tempestades y subsiguientes calmas, continúan siempre en su zona de confort, olvidando todo tipo de impases y haciendo caso omiso de sus posibles efectos…pues, aquí, en el reino de la politiquería “no ha pasado nada”; nada de investigaciones judiciales, unos cuantos cruces de silencios mutuos de carácter retributivo, y todos quietos; al mejor estilo de los contubernistas y cofrades de logias. Dejando en último plano al pueblo que los eligió, ya no dan la cara a sus clientes primarios, frustrando sus expectativas y aún sus compromisos electorales; únicamente se les ve a través de los medios de comunicación, dando explicaciones no pedidas al lado de otras inqueridas por los periodistas, de acuerdo con planes y guiones de entrevista convenidos con anticipación, con los que buscan proyectar una imagen de protectores del Bien Común con desempeño a fondo en acalorados debates, como fórmula de aparente cumplimiento.

La clase politiquera actual y los colombianos que de una u otra forma aceptan y comparten la politiquería, han de comprender con exactitud, qué la Dependencia y el Sometimiento Politiquero, al que nos han llevado desde siempre, está llegando a su fin; y que, el mismo, no tendrá cabida ni espacio en la nueva Interacción Social Humana en Colombia. Es esto, lo que se respira en el tejido social; en el que la tendencia fuerte, es que cualquier expresión distinta a la práctica de la excelsitud en la Política, será rechazada de plano y de manera contundente. En ello coinciden diversas corrientes de pensamiento y grupos promotores de movilización de la sociedad civil que buscan y procuran, en la actualidad, formas pacíficas de participación ciudadana, que rechazan decididamente la corrupción. Tal es el caso del Realismo Social Humanitario, sistema que busca poner en la práctica el Humanitarismo en el ejercicio de la política, mediante el incremento paulatino de los ingresos, la distribución de la riqueza y el acceso pleno a la seguridad integral como satisfacción de todas las necesidades en el orden social, alcanzando con ello una nueva fase del Capitalismo Occidental: el Capitalismo Social Humanitario (CSH) socialización del capitalismo en perspectiva y disposición humanitaria; siendo esta la vía más corta y despejada, con la que puede cambiarse con suma rapidez la situación socio-económica del país.

En aras a superar la que hemos dado en llamar dependencia politiquera, recordemos ese chiste denigrante que ronda por estos días en las redes sociales, donde un subalterno le dice a su superior en la milicia: “Para reportarle mi General que la patria ya no es boba, si no bruta”, esto parafraseando jocosamente la difícil situación por la que atravesamos los colombianos. Nuestra invitación es la de entrar de inmediato a corregir nuestras actuaciones electoreras, para que no se nos siga encasillando en estas categorías barbáricas, rayanas en la torpeza.

Que lo sepa el mundo entero, y que quede notificación a la clase politiquera dirigente del país, que hoy nadie de las Inmensas Mayorías, está dispuesto y mucho menos se va a aguantar, a tener que seguir cargando con todo el peso del sufrimiento, que significa la copiosa cantidad de necesidades cada vez más insatisfechas; ninguno, absolutamente nadie de las clases media y pobre está dispuesto a seguir cargando la cruz de la amargura, que representa la insatisfacción de la mayor parte de sus necesidades, nadie quiere seguir llevando por siempre las de perder, mucho menos ser el eterno “paganini”.

La gente hoy por hoy, debido al sufrimiento sempiterno, está dispuesta a sacudirse, quiere un verdadero cambio y ha asumido postura de querer dar el paso inmediato a la siguiente fase de progreso y desarrollo, todos estamos en disposición de abandonar y dejar atrás la etapa de retraso y pobreza, de desigualdades, inequidades e injusticias; que se olviden los dirigentes que  creen que van a poder seguir repitiendo el sometimiento y abuso con el pueblo, que ni tan siquiera piensen que podrán repetir o volver a cometer toda esa clase de vejámenes y abusos a los que estaban, y lo están aún, acostumbrados a hacer y deshacer con el poder político; la sociedad actual no va a soportar más atrocidades y menos a quienes pretendan apoderarse de los recursos públicos.

Es cierto y evidente que la lucha es de clases, de las grandes mayorías, por y para ellas mismas, sin olvidarnos de los buenos amigos del pueblo…que los hay en las clases altas; empero siempre por el bien común y general, casi que buscando el bienestar para una sola clase social: Colombia Toda, por un mejor vivir de todos en conjunto social, en donde reine la paz en todos los campos, acompañada de tranquilidad y sosiego, logrando por fin una Seguridad Integral  bien entendida, al encontrarse solución a todas las necesidades.

 

CORONEL ® ANTONIO JOSÉ ARDILA TORRES                                                                           ESPECIALISTA EN CONVIVENCIA Y SEGURIDAD INTEGRAL

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Esta entrada tiene 687 comentarios

  1. Mil gracias por tus expresiones de reconocimiento.
    Ahora lo que sigue es disposición de tiempo y ganas por disfrutar y gozarnos el Cambio con el RSH-CSH. Abrazos AJA.

  2. Mil gracias por animarme con tus comentarios.
    Ahora preparémonos para gozar y disfrutar del Cambio con el RSH-CSH, como una Gran Fiesta por el Cambio. Abrazos AJA.

  3. Cordial saludo, gracias por el reconocimiento de nuestro trabajo.
    Ahora solo nos queda, asistir, gozar y disfrutar de la Gran Fiesta por el Cambio con el RSH-CSH. Abrazos AJA.

  4. Fabuloso mensaje, gracias por el aliento para seguir con el empeño del Cambio.
    Recuerda que estamos invitadas las inmensas Mayorías de la Tierra a participar y disfrutar de la Gran Fiesta por el Cambio con el RSH-CSH. Abrazos AJA.

  5. GRACIAS. Lo hago para que podamos gozarnos el Cambio en la Gran Rumba con el RSH. Abrazos AJA.

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